Aparezco tras un largo camino. Vengo desde el nublado este. Dialogando conmigo mismo sobre épocas pasadas; buscando la solución de esos instantes en los que te arrepientes de silenciar lo que no dijiste en su momento; ésos en los que te das cuenta de que perdiste la oportunidad de valorar el tiempo de comenzar a caminar.
No merece la pena lamentarse, porque tú sabías cuál sería el final, tenías la clave y no la utilizaste.
Tú, que te arropaste con la frialdad y el silencio. Las veces que apareciste, lo hiciste tarde, o simplemente, la actuación ha sido nefasta.
A pesar de todo, no te culpo, eres mi complemento, mi sombra y ahora estamos pagando las consecuencias.
Somos uno, solamente uno.
En absoluto. Bravo a ti.
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